Hambre de amor

Creo que el amor es para el alma lo que la comida es para el cuerpo.

Es el alimento psíquico fundamental.

Proporciona -en todas las edades- seguridad, confianza, alegría, autoestima, fuerza, maduración de la personalidad.

Capacidad de vivir.

Por eso, cuanto menos amor recibimos, más débiles somos, menos creemos merecerlo, más desesperamos de encontrarlo, e incluso llegamos a dudar de su existencia.

Es una espiral peligrosa, pues cronifica nuestro hambre de amor y sus secuelas, y nos desliza hacia la patología y la muerte.

La mayor parte de la Psicología se funda en ocultar la soledad del ser humano y el fracaso global del amor en la infancia. Por eso enfatiza el supuesto poder "curativo" del optimismo individual y del solitario "amarse a uno mismo".

Pero, a mi juicio, ello es imposible si, además, no recibimos amor.

El amor es una psicodinámica recíproca. Ya sea en sus formas parentales, de pareja, de amistad, de genuina solidaridad, etc., el amor es siempre una mutualidad. Una interdependencia. Por tanto, el ser humano sólo puede crecer y aprender a amar cuando, a su vez, también es amado.

Entendiendo siempre el amor -sobra decirlo-, no como un "sentimiento", una "virtud", un "deber", etc., sino como una actitud respetuosa, empática y disponible hacia las personas.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
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