"Mis padres me dan pena"

Muchas personas, en sus terapias de crecimiento más allá del maltrato parental, se encuentran con un obstáculo: sus sentimientos de "pena" hacia sus maltratadores. Dicha "pena" es una peligrosa hoja de doble filo. Por un lado, parece una forma de empatía, comprensión, amor hacia los dañadores; pero, por otro, es también una pared, un narcótico que dificulta la plena vivencia (indispensable para la sanación) del dolor, la rabia y el rencor hacia los padres abusivos. Y es asimismo una forma de eludir los sentimientos de culpa frente a tan "inaceptables" emociones-tabú, y/o de aferrarse a determinados espejismos de "amor" familiar. Por eso la "pena" es, pese a su benévola apariencia, un mecanismo de defensa que debería superarse cuanto antes.

La genuina compasión hacia los padres jamás precede, sino que resulta (eventualmente) de la previa liberación sin culpa de la hostilidad contra ellos.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
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