El bosque muerto

Todos los problemas neuróticos y de personalidad pueden definirse en términos de fallos en nuestros vínculos con los demás. Somos mamíferos sociales y no puede ser de otro modo. Toda neurosis es una consecuencia y, a la vez, el origen de nuevos vínculos "defectuosos" (inexistentes, traumáticos, tóxicos, etc.). Y la sociedad entera es una red donde innumerables de sus "mallas" (o vínculos) están deshilachadas o rotas.

También la psicoterapia es una forma de vinculación paciente-terapeuta. Y, para ayudar al sujeto, debemos trabajar en sus modos de relacionarse. Ahora bien, nos topamos cada vez más con una amenaza: ¿cómo podemos enseñar a las personas a confiar, socializarse, vincularse satisfactoriamente con una pareja, etc., en un mundo basado en el egocentrismo y el miedo? ¿Cómo podrán readaptarse a una sociedad cada vez más "líquida" (Bauman) y sin afectos profundos ni estables? ¿No será la psicoterapia, yendo a contracorriente, tan absurda como curar heridos para devolverlos cuanto antes a la guerra?

A veces me siento impotente. La psicoterapia es, en ocasiones, como rehabilitar pájaros enfermos y luego abandonarlos a su suerte en un bosque muerto. Y temo que la crianza de los niños sufra hoy problemas similares.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
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