Los ansiosos

Hay tonterías que sobrepasan la paciencia de cualquiera, no sólo por su necedad, sino también por su involuntario peligro. Por ejemplo, leo por ahí que "los ansiosos son unos guerreros, porque nada es más aterrador que luchar con tu propia mente todos los días". Personalmente, no veo nada elogiable en el terror, ni en la lucha forzada y permanente contra uno mismo.

He conocido a infinidad de personas con ansiedades de larga duración, a veces muy incapacitantes, y todas ellas sufrían sin excepción de personalidades muy debilitadas por largos historiales de desamor/maltrato familiar, y/o por condiciones actuales extremadamente insatisfactorias u opresivas. Emocionalmente solos y sin apoyos destacables, la mayoría de estos ansiosos eran incapaces de identificar sus heridas íntimas (respecto a la familia, pareja, tipo de vida, etc.), de expresar abiertamente sus emociones asociadas (miedo, ira, tristeza, culpa, desesperación...) y, mucho menos, de tomar las decisiones más adecuadas para sí mismos. Se trataba, pues, de prisioneros en cárceles tan invisibles como intolerables. Animales asustados en lóbregos calabozos, cuyos sordos aullidos son llamados por el mundo... "ansiedad" (en cualquiera de sus muchas variantes).

No, no parecen estos presos "héroes", ni "guerreros", ni ninguna otra cosa que pueda positivarse. Son más bien víctimas desdichadas, ciegas, impotentes en circunstancias que, no pudiendo o no atreviéndose a reconocer, menos aún pueden solucionar. Muchas intentan terapias centradas en sus síntomas, o en escapismos "espirituales", o en optimismos negadores/encubridores del maltrato familiar y sus secuelas, o en fármacos, etc. Otras eligen la resignación. Algunas, como la cita mencionada, deciden "enorgullecerse" de su sufrimiento... Pero ninguna de ellas, si no se atreve a examinar a fondo su corazón y su entorno, podrá descubrir nunca alguna salida.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
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