De locos y cuerdos

Creo que hay algo incluso peor que no distinguir el bien del mal, y es no distinguir la locura de la cordura.

Un "loco" es cualquier persona cuyos sentimientos, pensamientos y acciones nacen de causas distintas de las que ella misma supone; es decir, son causas inconscientes. Dicha persona está, por tanto, alienada de sí misma, "poseída" por fuerzas internas que desconoce y, por ello, no puede controlar. Cuanto más potentes son tales fuerzas, más extravagante, inadaptado o peligroso es el sujeto. Y cuanto más culpa éste de sus problemas al "exterior", más se enajena. El arco de la locura puede ir desde los trastornos neuróticos más leves hasta las más enormes perturbaciones violentas, psicóticas o sociopáticas.

En este sentido, es obvio que muchísima gente está loca, incluidos muchos influyentes personajes sociales. Estos últimos suelen ser muy respetados, en parte por la ceguera social al problema, y en parte porque el Poder los ampara, ya que son muy útiles al sistema. Por ejemplo, algunos tipos de locura son utilizados como armas políticas. Y ciertos locos, cuando alcanzan ciertas cotas de mando, son definitivamente nefastos.

Así que, nos guste o no, la locura existe. No puede ser negada, ni minimizada, ni idealizada, ni relativizada por ningún motivo. Confundir a los locos con los cuerdos supone a menudo el riesgo de confiar más en ciertas personas brillantes, aunque claramente atormentadas, ciegas y hostiles, que en otras personas quizá no tan deslumbrantes, pero sí mucho más sanas, lúcidas y bondadosas... Y tampoco silenciar la locura ayuda a los propios trastornados. Ni mucho menos previene la continua generación de daños emocionales permanentes en las infancias de millones de personas.

Para saber más:
La negación de la locura