¿"Poliamor"?

Si yo fuese el Amo del Mundo, querría romper todos los lazos humanos basados en el amor y la ayuda mutua, a fin de obtener átomos desamparados 100% serviles a mi voluntad. ¿Cómo haría eso? No iría, desde luego, persona por persona malmetiendo contra sus seres queridos, intrigando, engañándolas, etc., pues sería demasiado evidente, caro, lento, estúpido. Haría otras cosas mucho más eficientes.

Adquiriría todos los medios de comunicación del mundo (prensa, televisión, radio, cine, internet y redes sociales) y predicaría a todas horas cierta clase de ingeniosas invenciones (p. ej., "poliamor", "agamia", "amor libre", "anarquía relacional", etc.), todas ellas fomentadoras del narcisismo, el desamor y la incapacidad de amar de la gente. Ignorando por completo la psicología profunda del amor de pareja, justificaría mis ocurrencias con toda clase de dogmas arbitrarios ("el amor es ideológico", "el amor es opresor", "el amor es heteropatriarcal", etc.). Y así, empujando a millones de individuos que jamás fueron amados en sus infancias a que también renunciasen al amor en sus vidas adultas, obtendría masas perfectamente vacías que se entregarían con entusiasmo a infinidad de simulacros de amor... y a mi dominio, naturalmente. 

Bromas a parte, creo que, lo mismo que en los años 60 Erich Fromm, psicoanalista marxista, criticó con brillantez las deformaciones capitalistas de la idea de "amor", hoy debemos hacer lo mismo con las deformaciones opuestas (poliamor, agamia, etc.) del izquierdismo. En mi opinión, el amor de pareja es esencial e inconscientemente una prolongación de la necesidad infantil de ser amados (apegada, excluyente, celosa, estable y duraderamente) por mamá y/o papá. Desde tal anhelo, intentamos en la vida adulta repetir o, más comúnmente, lograr por primera vez (junto con nuestra neurosis, necesidades sexuales, etc.), el amor que disfrutamos o no en la infancia. Todos los factores sociopolíticos (matrimonio, hijos, etc.) son secundarios a este hambre primaria. Por eso el amor de pareja, basado inconscientemente en llenarnos con lo que nos falta, es fundamentalmente distinto de otras formas de amor (familiar, amistad, altruismo, etc.), en las que más bien ofrecemos/compartimos lo que ya tenemos.

Los actuales neologismos sobre el "amor", tan ajenos a la psicodinámica de las personas y las distintas clases de amor, me parecen, pues, terriblemente confusos y desorientadores. No se pueden interpretar las necesidades emocionales en términos ideológicos; ni afirmar sin más que el amor monógamo es nocivo per se; ni pretender que los vínculos "libres" o "agámicos" son necesariamente mejores o menos neuróticos que otros; ni justificar (y encubrir) el miedo al amor o la incapacidad amorosa de mucha gente con argumentos políticos; etc. Quizá, antes de inventar palabras y rebelarnos contra las formas "convencionales" de amar, debiéramos descubrir si somos capaces de vincularnos en absoluto. (1)

__

1. En este guerra sociopolítica contra el amor, merecen capítulo a parte las redes sociales de intercambios sexuales.  Estas redes, muy de moda, abastecen a muchísima gente de contactos efímeros, ya sean ligues reales o sexo "virtual" (equivalente a fantasías sexuales, pornografía, etc.), contribuyendo así a relegar y dificultar los vínculos significativos y estables entre seres humanos. Y favoreciendo, por tanto, la atomización narcisista que se pretende.