Fantasías sexuales

Una fantasía sexual es la representación imaginaria de una escena sexual. Cumple diversas funciones psicológicas, entre ellas incrementar la excitación masturbatoria, etc. Pero en las relaciones de pareja su significado puede ser, en mi opinión, muy diferente.

Imaginemos que una persona, cuando está en plena sesión sexual con su pareja, le gusta (o necesita) contemplar escenas pornográficas en una pantalla. O a través de unas gafas de "realidad virtual". O simplemente visualizándolas en su imaginación. ¿Dónde está ubicada realmente esa persona? ¿Se sentirá su pareja incluida en la situación? ¿Con quién está de verdad excitándose el fantaseador/a? La fantasía sexual es, en este caso, claramente un velo, una lámina separadora entre lo real y lo verdaderamente estimulante. Opera, así, como un fetiche, una muleta, el síntoma de algún tipo de dificultad del sujeto, ya sea consigo mismo o con su pareja.  

En las fantasías "compartidas" surgen también algunas preguntas. Por ejemplo, ¿están ambas personas conectadas y excitadas con su pareja, o sólo con sus propios sueños? ¿Desean con ardor el cuerpomente del otro, o sólo lo usan como objeto al servicio de las fantasías que comparten? ¿Por qué la realidad sexual objetiva entre ambos no parece suficiente?

Toda fantasía, sexual o de otro tipo, suele expresar una carencia, un deseo, una gratificación, un escape de lo real. Su variante extrema es la alucinación psicótica. También supone una distracción/limitación en nuestra capacidad de atención y apego al aquí y ahora. Por tanto, en el terreno amoroso, las fantasías sexuales están psicodinámicamente lejos de ser, como afirman las modas actuales, "juegos inocentes que estimulan la relación erótica", etc. Muy al revés, son mecanismos narcisistas que pueden encubrir (y también generar) conflictos personales, vinculares o sexuales. Y, en términos de ingeniería social, ayudan también a erosionar -o incluso impedir- las relaciones genuinamente amorosas entre las personas.