El Secreto del Mundo

Cuanto más exploro los maltratos de familia, menos "zen" soy y más radical me voy volviendo. Más escandaloso e intolerable me parece todo. Siento que, de algún modo, me acerco al núcleo de muchísimos problemas personales y sociales; que rozo incluso uno de los "secretos del mundo". ¿Y cuál sería este secreto? El de que, salvo excepciones (por muchas que sean), la institución familiar constituye desde siempre y en todo el mundo un gigantesco fraude.

La familia es ciertamente, idealismos a parte, una dictadura. Como todas las dictaduras, puede ser más o menos dura, pero consiste por definición en el dominio de los fuertes (la familia), que tienen todo el poder, sobre los débiles (los niños), que no tienen ningún poder. Por tanto, como todo sistema autoritario, es opaco  y fácilmente proclive a toda clase de abusos (en este caso, emocionales, físicos y/o sexuales). Los sufrimientos y estragos personales y sociales que esto causa en millones de seres humanos son bien conocidos por mis lectores. Y estos daños configuran, además, la predisposición de la mayoría de gente a someterse el resto de sus vidas a toda clase de autoritarismos. 

Si la observamos con atención, ninguna dictadura está mejor protegida por toda clase de silencios, engaños y violencias que la familia. Los padres son simultáneamente dictadores, cuidadores, agresores, policías y jueces de sus hijos, y tienen carta blanca para todo porque carecen de testigos externos de sus errores y excesos. Y lo que es peor, ni siquiera necesitan perseguir demasiado a los "rebeldes", etc., ya que éstos, desde bebés, son concienzudamente castrados, paralizados y adoctrinados. Y los pocos que logran escapar de la maquinaria son, como en cualquier secta o mafia, psicopáticamente perseguidos por todos los medios (culpabilización, victimismo, acoso, amenazas, etc.). En este sentido, la familia no es una dictadura más, sino la peor y fundamental de todas ellas, porque afecta a los niños, es decir, a seres humanos absolutamente indefensos en pleno desarrollo neuropsicoafectivo.

Si podemos admitir lo anterior, debemos asimismo reconocer que la tiranía familiar universal (siempre, repetimos, salvo excepciones) nos conduce a tres conclusiones desagradables:

1. EL PODER NARCISISTA. La base de la familia no es el amor, sino el poder narcisista, siendo la continua propaganda del primero la tapadera del segundo. Como los factores biológicos, sentimentales, etc. no neutralizan dicho poder, sino que sólo lo maquillan, el resultado es que la función parental, incluida la maternal, en términos generales no existe. Es mayoritaria, en efecto, la cantidad de seres humanos que vienen al mundo por "error" o simplemente para satisfacer las necesidades egoístas de sus familias. Por ejemplo, como esclavos emocionales o laborales. Por intereses económicos, sociales o hereditarios. Para asegurarse sus cuidados en la vejez. Para ajustarse a los dictados demográficos o estratégicos de los poderosos. Etcétera. Muchos niños ni siquiera son cuidados por sus padres, sino por otros parientes o personas, niñeras, instituciones, etc., si no son antes abortados, abandonados, vendidos o asesinados (infanticidios). Y, desde luego, la abrumadora mayoría de ellos son maltratados emocional, física y/o sexualmente en todas las formas y grados imaginables. El mito obsesivo del "amor familiar" se debe, pues, a la clamorosa ausencia de tal amor.

2. LA EXPLOTACIÓN SOCIAL. El fraude familiar es consecuencia y, a la vez, nueva causa (o "Fase 1") de ese proceso mucho mayor que llamamos "Explotación del Hombre por el Hombre". Dicha fase consiste en la generación de grandes masas de individuos neuróticos, es decir, débiles, sumisos y dependientes  (en rigor, "domesticados"), capaces por ello de aceptar con facilidad el posterior dominio explotador de la Civilización.

3. LA FALSA PSICOLOGÍA. La Psicología occidental (de nuevo salvo excepciones), como institución social concebida, igual que la Religión y la Política, al servicio de los poderes vigentes, es otro engaño. Sencillamente no existe. Al contrario de lo que finge, no representa ni defiende a las víctimas psicológicas de ningún abuso familiar, sino que, en esencia, las traiciona continuamente para devolverlas a los rediles de los abusadores. Por eso la mayoría de "terapias" se fundan en atribuir al sujeto la causa de sus sufrimientos, encubrir o exculpar a los dañadores, e inducir a las víctimas a perdonar y someterse a sus victimarios para siempre.

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En resumen, vemos que ni la institución familiar, ni la maternidad o paternidad, ni la sociedad, ni siquiera la Psicología, son otra cosa que estructuras de dominación. Nada nuevo bajo el sol, en realidad. Lo perturbador ha sido, al menos en mi caso, el progresivo descubrimiento de la magnitud de esta maraña de mentiras, enredos y sugestiones que las sociedades son capaces de inventar -o más bien excretar, como los fluidos viscosos de una planta carnívora- para ocultar a la gente todas estas verdades e impedirle cualquier autodefensa.

Éste es, para mí, el "Secreto del Mundo". O uno de ellos. Y creo que, si hay en el ser humano alguna posibilidad de libertad psicológica, intelectual y ética, no nos cabe entonces sino descubrirlo y soportarlo como podamos. Y, por supuesto y pese a todo, jamás renunciar al esfuerzo de no formar parte del Secreto, sino de sus excepciones. Ni cesar en nuestra búsqueda incansable del amor, la alegría y la belleza.