La Madre Inexistente

Hay tres películas magníficas sobre madres patológicas contra sus hijas: Sonata de otoño (Ingmar Bergman, 1978), El invitado de invierno (Alan Rickman, 1997) y Agosto (John Wells, 2013). Para mí, dado lo universal del problema, son películas sobre el mito de la "Madre" y, por extensión, de la "Familia". Por supuesto que hay también familias positivas, etc. Pero todas las teorías de la Neurosis, del Trauma y del Análisis Psicodinámico surgen precisamente de esas llamadas familias "tóxicas", dominadas por una pseudomadre egocéntrica, tiránica o inepta, simbiotizada con un pseudopadre similar, o ausente.

En el caso de las pseudomadres, millones de ellas no son, en efecto, sino mujeres completamente vacías y parasitarias de sus hijos, a los que, "a cambio" de una crianza infantil extremadamente precaria y traumática, se aferran para siempre para sobrevivir, exigiendo lealtad perpetua. Jamás tuvieron a sus hijos por amor, sino por desesperación (ya que también ellas carecieron de madres amorosas). Lo que, lejos de suscitarnos una vana "compasión" encubridora, debería estimularnos una lúcida conciencia y confrontación con el problema. O jamás superaremos la tragedia.

Esta Madre Inexistente (fraudulenta, incapaz, destructiva), creadora de infinitos clones de sí misma y de hombres débiles y futuros comparsas, sigue siendo, en mi opinión, el tabú supremo de la civilización.