La diosa

Una madre narcisista, neurótica, incluso psicótica o carente de la menor aptitud maternal, es sólo eso. Pero para su hijo pequeño es una diosa. Por ello, en el psiquismo profundo del ser humano pueden ocurrir muchas cosas. Por ejemplo:

• si la madre deseaba una niña y trata a su niño como tal, éste se convertirá en "niña".
• si la madre odia a los hombres (o mujeres), su niño (o niña) evitará asumir su respectivo sexo.
• si la madre "adora" a su hijo o hija, éstos adquirirán la identidad de mamá y se volverán sus siervos.
• si la madre los odia, domina o "devora", dañará su crecimiento.
• si la madre los maltrata, consiente su maltrato o se deja maltratar por un tercero, lo mismo.
• si la madre los ignora glacialmente, obtendrá almas frías y desvinculadas.
• si la madre usa al hijo/a como novio, criado, amigo o psicólogo, sólo logrará ovejas dañadas.
• si la madre es terrorífica, la vida adulta del hijo/a será una pesadilla repleta de fantasmas.
• si la madre reniega del hijo/a, o desearía verlo muerto/a, su víctima vivirá paralizada... como "muerta".
• si la madre tóxica es negligente y lo consiente todo, criará tiranos/as...
• Etcétera.

Pero si la madre es amorosa, el hijo/a crecerá sin miedos, seguro de sí mismo y capaz de vivir y amar.

El poder de la diosa, cuyos deseos inconscientes siempre se cumplen, es máximo durante los primeros 5-7 años de nuestro desarrollo. Después se mezcla con otras influencias (padre, parientes, escuela, relaciones sociales) que pueden mejorar o empeorar el destino de los niños. (Por fortuna, más adelante, siempre queda la posibilidad de una terapia parcialmente reparadora, ya sea para los hijos o para la propia madre).


Para saber más:
La importancia de la madre