Hambre sexual

Hace mucho tiempo, un paciente se me quejaba de que su mujer no era cariñosa, afectuosa, y mucho menos "sexual". Y un día me dijo:

- No puedo quererla, si ella no me quiere físicamente.
- ¿Se lo has dicho? -le dije.
- Sí.
- ¿Y qué te dijo?
- Que ella "no puede quererme físicamente, si yo no la quiero".

Dado que el amor físico (tacto, caricias, abrazos, placer sensorial) es, en nuestro desarrollo, previo a cualquier otra forma de amor; y como tal necesidad es también una dinámica del deseo sexual, el problema de mi paciente ofrecía varias interpretaciones:

1) Quizá sufría una profunda carencia/fijación infantil (materna, física, preverbal), que su esposa, o acaso ninguna mujer, podía satisfacer.

2) Quizá la esposa sufría algún conflicto o bloqueo en ese mismo nivel (u otros), de modo que no podía dar y/o recibir suficiente amor físico y sexual.

3) Quizá sucedían ambas cosas, realimentándose entre sí.

Naturalmente, ambos su culpaban por sus mutuas desdichas. Ella era "fría"; él, "obsexo". Ella era "hostil"; él, "inmaduro".  Etcétera. Y su relación empeoraba con el tiempo.

¿Qué sucedió finalmente? Nunca lo supe, pues cuando mi paciente mejoró en otros aspectos de su neurosis, dejó la terapia.

Pero comprendí el drama sexual y amoroso que supone el choque de dos neurosis incompatibles aunque en el fondo análogas: la "bulimia sexual" y la "anorexia sexual". Y en el origen de todo, por desgracia y como siempre, los padres.