Sobre los derechos

Los derechos no se esperan, ni se reclaman, ni se suplican: se conquistan. Siempre ha sido así y siempre lo será, porque así es el ser humano.

Mucha gente cree ingenuamente que sus derechos son algo "natural" que se les debe, que merecen porque sí, que dárselos es obligación de sus políticos, etc. Pero olvidan que nadie regala derechos. Que todos los que aún conservamos son la herencia de muchísimas personas que lucharon por ellos a costa de su sangre, su libertad y sus vidas. Y por eso, en cuanto nos relajamos, muchos de estos derechos tan duramente conquistados comienzan a erosionarse, a debilitarse, a desvanecerse.

Por otro lado, están los falsos derechos. Esos dogmas y leyes (más o menos absurdos y/o injustos) que algunos tiranos, llamándolos "derechos", imponen a la sociedad. Porque la gente, cuando oye tan totémica palabra, aguanta cualquier abuso. ¿Quién se atrevería, en efecto, a oponerse al supuesto "derecho" de alguien a casi cualquier cosa? Aunque los falsos derechos son fácilmente reconocibles porque, en vez de beneficiar a todas las personas, sólo benefician a unas pocas a costa y/o en contra de las demás, ésta es la trampa de algunas ideologías y sus dictaduras invisibles.

Los derechos genuinos son, en fin, muy caros y siempre hay que pagarlos. Con muchísimo esfuerzo, y también con deberes. Los derechos "regalados" son, o bien imposiciones, o bien sobornos para la dominación.