La romantización de la maternidad

La idealización es un mecanismo inconsciente de defensa, típicamente destinado a encubrir los aspectos más desagradables de la realidad. Por eso toda idealización es delatora. Como también lo es, por ejemplo, esa romantización de la maternidad por parte de la sociedad y, en especial, de algunas mujeres que exaltan sin cesar la supuesta maravilla de "ser madres", e incluso exhiben en las redes sociales, como trofeos, a sus hijos pequeños. Unos niños que, contradiciendo el entusiasmo materno, a menudo aparecen más o menos devastados.

Todas las hembras mamíferas pueden parir, y también algunos peces, reptiles y otros animales vivíparos. La maternidad es un hecho biológico tan esencial aunque ordinario como respirar, comer o dormir. Así que, al margen de la íntima e intransferible experiencia psicoafectiva de algunas madres, ¿qué necesidad habría de mitificar algo tan sencillo?

Tenemos algunas pistas. La romantización materna suele durar lo que duran los primeros años del hijo/a y después, extrañamente, desaparece. ¿Por qué? En primer lugar, estos primeros años suelen ser especialmente duros, frustrantes e incluso secretamente decepcionantes para muchas mujeres. También son, para otras, los más gratificantes y enamoradores, pues ejercen un control absoluto sobre criaturas dulces, sumisas y absolutamente dependientes. Y finalmente, para todas, esta época es un triunfo personal, una supuesta "autorrealización" frente a las agobiantes expectativas familiares y sociales.

Por todo ello, bajo la idolatría de la maternidad es fácil hallar no sólo severas frustraciones más o menos ocultas, sino también los poderosos afanes narcisistas de las mujeres más inconscientes e inseguras.