Yo y ego

Los conceptos yo y ego tienen variados significados según los diversos autores, doctrinas y contextos en que se utilizan. Por eso se confunden a menudo. En mi opinión y a efectos prácticos, el yo es mi identidad psíquica (consciente e inconsciente) y también física; mi cuerpomente total. El ego es, en cambio, mi actitud, el "tamaño" más o menos opresivo de mis interacciones con el mundo, mi grado de egocentrismo, vanidad, soberbia contra la vida. El yo es un término esencialmente psicológico. El ego es más bien un concepto moral. Y es crucial distinguir ambos, si no queremos lamentables equívocos.

Por ejemplo, hay personas que creen que tener un yo fuerte es negativo, significa "falta de humildad", y por ello lo reprimen o mutilan desdichadamente. Otras, con un ego enorme, lo confunden con una gran "fuerza y personalidad". Otras, disfrazadas de "humildad", expresan veladamente su ego exagerado. Otras tienen egos pequeños pero grandes yoes, por lo que son tomadas erróneamente por "orgullosas" o "egoístas"... Etcétera.

En realidad, cuanto más sano y fuerte es el yo, más pequeño suele ser el ego (aunque algunos egos débiles también derivan de yoes demasiado débiles). La madurez psicológica consistiría, entonces, en el desarrollo de un yo suficientemente "grande" (es decir, ricamente integrado, autoaceptado, espontáneo, autorrealizado), para no tener que recurrir a ese triste exoesqueleto que es el ego vanidoso, codicioso, manipulador, violento.