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Mostrando entradas de mayo, 2021

Yo y ego

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Los conceptos yo y ego tienen variados significados según los diversos autores, doctrinas y contextos en que se utilizan. Por eso se confunden a menudo. En mi opinión y a efectos prácticos, el yo es mi identidad psíquica (consciente e inconsciente) y también física; mi cuerpomente total. El ego es, en cambio, mi actitud, el "tamaño" más o menos opresivo de mis interacciones con el mundo, mi grado de egocentrismo, vanidad, soberbia contra la vida. El yo es un término esencialmente psicológico. El ego es más bien un concepto moral. Y es crucial distinguir ambos, si no queremos lamentables equívocos. Por ejemplo, hay personas que creen que tener un yo fuerte es negativo, significa "falta de humildad", y por ello lo reprimen o mutilan desdichadamente. Otras, con un ego enorme, lo confunden con una gran "fuerza y personalidad". Otras, disfrazadas de "humild

¿Inocente o culpable?

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Vemos en películas y noticiarios que, cuando juzgan al malo, a menudo se dice que sufría un trastorno mental (transitorio o no), pero que siendo "plenamente consciente de lo que hacía", o distinguiendo "perfectamente el bien del mal", etc., es por tanto responsable, culpable de su crimen. Otras veces se afirma, al revés, que obrando bajo una ofuscación pasajera (por efectos del alcohol, drogas, etc.), no es por ello responsable de su acción. O que los psicópatas, dada su famosa lucidez, son culpables pero "no locos"... Etcétera. O sea que el criterio para juzgar la culpabilidad de los delincuentes es su mayor o menor "consciencia" al cometer sus delitos. Pero, en mi opinión, cualquier trastorno neurótico, psicótico e incluso psicopático está determinado por poderosas fuerzas inconscientes que, por definición, el trastornado no puede controlar. Estas fuerzas pueden generar deseos, motivos y comportamientos antisociales, con total

La autoestima imaginaria

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Nunca en mi vida he entendido el concepto de "amarse a uno mismo". Y mucho menos desde que empecé a ejercer la psicoterapia. Decir a alguien "¡ámate a ti mismo!" es como decirle "coge tu mano con esa misma mano" o "besa tus propios labios". No. Sólo otras personas pueden besarnos, tomarnos de la mano... o amarnos. Por eso los bebés, los niños y los adultos necesitamos el amor de los demás.  Si amarnos a nosotros mismos fuera posible, no seríamos animales sociales. Necesitamos a los demás precisamente porque de cada una de las personas que nos aman obtenemos un pedacito de sentimiento de valía, un trocito de autoimagen positiva, un poquito más de seguridad, etc., y con todos esos fragmentos vamos construyendo nuestro yo. Nuestra identidad más o menos autosatisfecha. Imposible generarla de otro modo, pues el yo vacío no puede autorrellenarse, igual que el estómago

Los indicadores del amor parental

El amor materno/paterno es un asunto tan complejo y está tan corrompido por toda clase de prejuicios, mentiras sociales y autoengaños personales, que, fuera del marco de una terapia voluntaria de carácter analítico, es muy difícil determinar qué clase de psicodinámicas (p. ej., cariño, desprecio, ira, envidia, indiferencia...) vivencian realmente los padres. En general, no importa mucho lo que ellos mismos digan, sientan o piensen al respecto, ya que la verdad inconsciente  puede ser otra. Nuestro único indicador fiable parecen ser, entonces, los sentimientos, conductas y salud mental de los propios hijos.

¿Quién ama a sus hijos?

No ama a sus hijos quien quiere, sino quien puede. Y sólo pueden: 1. Los que fueron amados. 2. Los que no fueron amados aunque, por las características de su caso, tampoco sufrieron daños neuróticos severos. 3. Los que sí sufrieron daños notables, pero siempre fueron conscientes de ello y nunca perdieron el sano sentimiento de culpa al convertirse a su vez en dañadores (y por tanto se esforzaron en mejorar). En cualquier otro caso, no siendo posible amar, sólo cabe fingir consciente o inconscientemente el amor. Y a las familias basadas en el falso amor las llamamos "tóxicas".

El mito del amor

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Por millares de artículos, libros y terapias que siguen realizándose sobre las complejidades psicológicas de eso que llamamos "amor", la superstición popular sigue creyendo que el amor es básicamente un "sentimiento". O, peor aún, algo mayúsculo ("Amor"), romántico (enamoramiento) o moral/espiritual (deber, ideal). Y no es así. La grandeza del amor y, por tanto, su dificultad, reside en su insignificancia . ¿Quién idealiza, p. ej., el respirar, beber, comer, sudar o evacuar? Sin embargo, son funciones vitales críticas . Igual que el amor; ese conjunto de humildes y casi inconscientes funciones psicofísicas (respeto, confianza, cuidados, afectos, intimidad), fundamentales para el sostenimiento de la vida. Hay que temer, pues, que todas las apologías, idolatrías y exhibicionismos del amor sean meras formaciones reactivas, narcisistas disfraces de su enorme carencia. Como los lad

Sobre la voluntad

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La fuerza de voluntad es como los espíritus: nadie los ve, pero se les atribuye ciertas "manifestaciones". En el caso de la voluntad, a ella se achaca la mayoría de nuestras acciones, esfuerzos y logros buenos o malos. Pero ¿y si las cosas fuesen de otra manera? Quizá nuestras conductas dependan mucho más de nuestra energía psíquica, la potencia de nuestros deseos, el peso de nuestras recompensas, la magnitud de nuestros apoyos y obstáculos conscientes e inconscientes, tanto emocionales (necesidades, motivaciones, miedos, culpas, bloqueos) como sociales (exigencias, prohibiciones, ayudas). Cuando todos estos factores armonizan, nuestras conductas fluyen evidentemente con naturalidad, incluida la tenacidad -los esfuerzos con ganas- que requieran. Pero si divergen, entonces las cosas no marchan bien y es preciso sobreactuar, sobreesforzarnos, echar mano de esa famosa "fuerza de voluntad"... que, en el fondo, no es s

El ecosistema de pareja

La mayoría de personas dicen: "mi pareja tiene la culpa". Pero: 1) una parte del comportamiento de la pareja es resultado de cómo es tratada por el quejoso. 2) una parte del dolor del quejoso es efecto de su propia neurosis personal, removida por la situación. 3) otra parte del dolor del quejoso deriva de que alguna de las partes, o ambas, no saben empatizar, dialogar, pactar. 4) otra parte del dolor del quejoso es que no hay suficiente amistad en la relación (sino sólo expectativas, "sentimientos", sexo, malentendidos, rutinas, silencios...).  5) y otra parte de su dolor quizá provenga de que eligió mal (neuróticamente) a su pareja, o se niega a dejarla. Así que hay mucho por hacer si queremos mejorar un ecosistema de pareja. Pero mucha gente prefiere acusar para no mirarse al espejo. Para no esforzarse por nada. Para no madurar.

Los estragos de la madre simbiótica

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Una cosa es el amor entre madres e hijos, y otra muy distinta las simbiosis tóxicas, caracterizadas por el sofocante dominio y fusión de la madre con aquéllos. (En realidad no hay simbiosis sanas, ya que todas derivan del narcisismo materno, que considera a sus hijos como objetos o prolongaciones de sí mismo). Estas simbiosis, que suelen durar consciente o inconscientemente toda la vida, debilitan y castran la personalidad de los hijos/as. Les desarrollan invencibles defensas narcisistas. Dificultan sin remedio sus relaciones de pareja. Y, naturalmente, les vuelven casi impermeables a la psicoterapia. Las mujeres, terriblemente confundidas e identificadas con sus madres, tienden a desarrollar una "hiperfeminidad" que es, de hecho, un blindaje y una herramienta de autoafirmación y dominio omnipotente. Y todos los sentimientos inconfesables (dolor, miedo, rabia) que jamás se atreverán a descargar contra s

Mis madres coraje

  A mis valientes mamás Llamamos "madre coraje" a la mujer que, con gran valentía y esfuerzo, defiende a sus hijos contra ciertos peligros o adversidades. (Algunas madres coraje son falsas, pues ellas mismas ayudan a prolongar los problemas contra los que luchan). Pero, a mis ojos, la definitiva madre coraje no es la que protege a sus hijos de las amenazas exteriores, sino de ella misma . De los daños y peligros de su propio desamor, su violencia, su narcisismo, su neurosis. Estas madres, que luchan contra sus propios demonios, sí son heroicas de verdad, pues nada hay más temible que asomarse al propio infierno. Y son anónimas. No salen en redes ni telepantallas. Sólo pueden hallarse en algunas psicoterapias... Son las que yo admiro de corazón.

Si espías, abusas

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¿Quieres saber si eres una persona narcisista o incluso perversa? Sólo pregúntate cuántas veces has espiado, sin su conocimiento , a tu hijo/a o tu pareja. Cuántas veces has rebuscado -con cualquier excusa- en su escritorio, su armario, su móvil, sus conversaciones, su ordenador. Cuántas veces has violado su confianza, sus espacios privados, su derecho al secreto, su intimidad. Súmalas, y obtendrás una cierta medida de tu tendencia abusiva.