El verdugo tramposo

Se dice a menudo que los padres cuidan a sus hijos "lo mejor que saben y pueden". Cierto. Pero todos los desdichados, neuróticos, locos y violentos del mundo han sido criados por padres que hicieron "lo mejor que supieron y pudieron". De modo que, en este sentido, tales padres no se diferencian mucho de los que, simplemente, lo hicieron muy mal.

Todos los humanos hacemos, en todos los ámbitos, lo mejor que sabemos y podemos. Incluso los psicópatas y violadores lo hacen. Pero como esto no los exonera de sus responsabilidades frente a sus víctimas, tampoco se entiende por qué debería eximir a los progenitores nocivos. Menos aún cuando esta clase de ideas suele utilizarse incluso en las terapias de las víctimas, dificultando a éstas la indispensable evacuación sin culpa del dolor, la rabia, la posible toma de decisiones, etc. en sus procesos curativos.

Sólo en las psicoterapias de los propios victimarios, cuando éstos son lo bastante lúcidos, autoculpabilizados y deseosos de transformación, tiene cabida la profunda y liberadora verdad psicológica de que, en efecto, todos hacemos en la vida lo mejor que sabemos y podemos. Pero, fuera de este contexto, dicha verdad se reduce a un mero eufemismo, una trampa del Cuarto Mandamiento para justificar o negar los daños realizados.