Crianza monoparental

La familia monoparental presenta, en mi opinión, algunas dificultades psicológicas intrínsecas, de las que se habla poco. Por ejemplo:

1. Es muy difícil criar en solitario a uno o varios hijos, por mucha ayuda externa de cualquier tipo que se reciba, porque las cargas físicas y emocionales que sufre el cuidador (generalmente la madre), sumadas a su posible neurosis de fondo, suelen ser enormes. A veces abrumadoras.

2. Las funciones nutricias (amor incondicional) y normativas (control de conductas) son inconscientemente incompatibles, por lo que, para no confundir y alterar los vínculos de los niños, no debería ejercerlas una misma persona. El criador en solitario (habitualmente la madre), no pudiendo delegar el rol sancionador en otro cuidador (tradicionalmente fue el padre), dificulta al hijo incorporar los límites normativos sin arriesgar su confianza en la madre, así como hallar consuelo alternativo en la otra parte.

3. El criador en solitario puede establecer con los hijos relaciones de codependencia y/o maltrato que, en ausencia de otros observadores y mediadores en casa, puede llevar a situaciones tóxicas extremas.

4. Las propias razones de la monoparentalidad, ya sean voluntarias (p. ej., fantasías o conflictos personales, etc.) o involuntarias (p. ej., divorcios, muerte del otro progenitor, etc.) se añaden, con toda su problemática emocional, a las dificultades anteriores.

Por eso las familias monoparentales pueden ser tan neurotizadoras, o incluso más, que las familias convencionales. Lo que no debería ser ignorado por nadie, especialmente por las personas que, por capricho o imitación, desean criar hijos a solas.