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Mostrando entradas de marzo, 2021

La jauría humana

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El "caso Carrasco", que asola mediática y políticamente España en estos días de preelecciones (marzo, 2021), me recuerda tristemente la excelente película La jauría humana (Arthur Penn, 1966). La cacería y linchamiento público, en este caso, de un supuesto culpable de maltrato a una mujer, sólo en base al testimonio unilateral sin pruebas de ésta. Una evidencia más, en mi opinión, de cómo las agitaciones de género nunca han tenido que ver con la verdad y la justicia entre hombres y mujeres, sino básicamente con intereses políticos y económicos a gran escala. Sobra decir que toda violencia es rechazable, y que la supuesta culpabilidad del perseguido debe ser demostrada. Pero afirmar, incluso por parte de psicólogos/as de dudosa imparcialidad, que el maltrato "enferma" a las víctimas, es negar la realidad y resulta profesional e intelectualmente inaceptable. Todos sabemos que, en general, la violencia d

Terapias e ideologías

¿Llevarías a tu hijo a un pediatra pederasta? ¿Acudirías a un ginecólogo acusado de violación? ¿Tomarías un taxi conducido por un borracho? De igual modo, si un hombre es agresivo con su mujer, ¿le entenderá una terapeuta feminista? Si alguien realiza acciones reprobables, ¿le comprenderá un terapeuta moralista? Si es creyente, ¿le ayudará un ateo? Si su familia le partió el corazón (¡tan terrenal!), ¿sintonizará con un terapeuta new age? Etcétera. Los espejos deformados no reflejan la realidad. Por eso, como dice la terapeuta Olga Pujadas, "la buena psicología es amoral e incompatible con cualquier ideología". Como la medicina o la cirugía.

No todo el monte es orégano

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La psicología está llena de conceptos no psicológicos que sólo ayudan a confundir y obstaculizar la comprensión de los problemas íntimos humanos. Conceptos como, p. ej., "valentía", "cobardía", "responsabilidad", "perdón", "resiliencia"... y otras etiquetas superficiales de índole conductual o moral (bueno, malo, fuerte, débil...). Decir que alguien es, por ejemplo, valiente, cobarde o resiliente no es decir gran cosa, si ignoramos los motivos reales , conscientes e inconscientes, de su comportamiento. Un supuesto valiente quizá carezca de sentido de la conservación, o actúe desde miedos secretos a males mayores, o por ignorancia o imprudencia. Un supuesto cobarde quizá sea más lúcido que el valiente, o más responsable, o tenga valores, deseos o necesidades diferentes. Un supuesto resiliente quizá sólo oculta sus flaquezas, o disfruta de más apoyos, o dispone de más recursos emocion

Terrorismo moral

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Afirman ciertas doctrinas que "recibimos lo que damos". En el caso de la familia, si no amas a tus padres, tus hijos tampoco te amarán a ti, etc. Aunque esto contradice toda evidencia, muchas personas se esfuerzan por ese miedo en ser "buenos hijos e hijas", etc., a menudo a costa de grandes neurosis. Es el terrorismo moral del ojo por ojo. Del premio y el castigo. Del Cuarto Mandamiento. En realidad, sólo nos maltratarán quienes fueron previamente maltratados (por quien sea). No existen ciegas "venganzas cósmicas". Si tú odias a tu madre pero amas a tu hijo, éste será feliz y te amará... y al universo le importará todo un bledo. El verdadero "castigo" es, en cambio, permanecer junto a quien no te respeta ni te ama. Forzarte a serle leal, sumiso, adicto a sus órdenes y expectativas, negándote a ti mismo... ¡Entonces sí te convertirás en una bomba y sufrirás las consecuencias!

Agresividad y violencia

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La agresividad, como toda emoción, sólo puede fluir en dos sentidos: hacia fuera o hacia dentro. Hacia fuera (expresión, evacuación) es su canal natural. Constituye una defensa, un lenguaje, la energía indispensable que necesitamos para afirmarnos y/o gestionar toda clase de dificultades. Jamás hay que confundirla con la agresión o la violencia, que no son emociones, sino conductas destructivas. (Toda violencia implica agresividad, pero no toda agresividad implica violencia). Por el contrario, hacia dentro (represión, redirección contra uno mismo) es el canal neurótico de la agresividad. Cuando no podemos o no la dejamos escapar hacia fuera, ésta fluye obviamente, como un gas peligroso, hacia adentro. Así comienza a acumularse lenta y autodestructivamente, generando síntomas diversos, hasta que tarde o temprano estalla en forma de violencia contra terceros inocentes. Quienes, a su vez, se protegerán con nuevas represiones de "gases", etc.  Por eso, cuanto mayor es la represi

Elogios, amor y psicoterapia

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Elogiar es expresar sinceramente nuestra opinión o admiración hacia determinado mérito de una persona. Halagar o adular es, en cambio, mentir, excitar su narcisismo con fines de cualquier tipo.  Los elogios (no los halagos) son, por tanto, indispensables en el amor parental y en todas las formas de amor, incluida la psicoterapia. Porque aportan a la persona conocimiento de sí misma y autoestima.  En la psicoterapia, el terapeuta es un espejo objetivo para su paciente, de modo que debe saber "reflejar" a éste tanto sus aspectos positivos como negativos. Los primeros requerirán a veces sinceros elogios. Los segundos deberán expresarse con delicadeza o ignorarlos si no son importantes.  Pero nunca, jamás, ni padres ni terapeutas mentirán ni adularán a sus protegidos.

Etiquetas y resfriados

Uno es terapeuta en sociedad y debe tratar con las etiquetas psicológicas (ansiedad, adicción, depresión...) como si creyera en ellas. Es decir, como si fuesen entidades propias e independientes. Pero no es así. Igual que uno no sufre, por ejemplo, un "trastorno de mucosidad" y/o un "trastorno por estornudos" y/o un "trastorno lacrimoso", etc., sino simplemente un resfriado , tampoco cualquier síntoma neurótico es aislado, sino que suele formar parte de una constelación de síntomas, todos ellos expresión y secuela de maltratos infantiles. En realidad, toda la personalidad queda afectada.  Así, aunque a efectos prácticos es útil etiquetar al neurótico por un síntoma predominante , su exploración detallada nos llevará casi siempre al hallazgo de varios otros. Como las distintas partes de un solo cuerpo.

Terapia, familia y autoengaño

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Hay tres modos típicos con los que muchas personas evitan en terapia afrontar sus problemas con los padres tóxicos: 1.. "Mis padres me dan pena" . Es decir, disfrazan su hambre de amor con un sentimiento de compasión hacia sus victimarios. Así son éstos y no el propio paciente quienes tienen el problema; y éste evita su dolor y el sentimiento de culpa por cuestionarlos. 2. "No quiero juzgarlos" . La persona quiere expresar su dolor, hostilidad, etc., pero al mismo tiempo sin criticarlos. Desea ser "justa", ecuánime, nadar y guardar la ropa; cosa imposible porque los reproches, acusaciones, etc., forman parte necesaria (aunque generalmente transitoria) de la sanación emocional.  3. "Ya los perdoné en otras terapias" . Pero el sujeto sigue sufriendo dolorosas emociones y trastornos, sigue siendo infeliz con su familia, nada ha cambiado en sus relaciones con ella, etc. O sea que ese perdón fue falso, seguramente forzado por aquellas terapias. Nótese