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Mostrando entradas de febrero, 2021

La madre impune

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He leído por ahí un panfleto de amor promaterno titulado "La primera regla de la vida es no dejar sola a mama". Un texto increíble sin el menor contacto con la realidad. Porque cuando una madre es amorosa con sus hijos, no hace falta predicar la gratitud, ya que ésta es espontánea. Y cuando no es amorosa, entonces cualquier prédica de reciprocidad no es más que una egocéntrica reclamación por los "servicios prestados": Mera violencia.  Nadie tiene derecho a exigir frutos que nunca sembró. Así que esta clase de "madres" y "padres", como bien demuestra la experiencia, son perfectamente cuestionables. En el mundo real, no en el de los idealismos, moralinas y cultos a Mamá, el número de víctimas del maltrato materno directo o indirecto es abrumador. Mientras siga habiendo impunidad parental, seguirá habiendo neurosis y violencia en todas sus formas.

Miedo al odio

Muchas personas creen que el odio perjudica, el rencor esclaviza, etc. Es una idea muy moral pero poco psicológica y ni siquiera inteligente.  Lo que sí daña es reprimir el odio. Fingir que no se odia. Hacer trampas con el propio inconsciente. En realidad, sólo cuando expresamos sin culpas el odio podemos eventualmente llegar a agotarlo, librarnos genuinamente de él.  Las personas que odian el odio confunden odiar con "engancharse" a ello (peligro que ciertamente hay que evitar). O incluso con la violencia. Y usan esta confusión para intimidar y domesticar a las personas.

El maldito perdón

No nos cansamos de repetir que el objetivo de la psicoterapia no es perdonar a las personas maltratadoras (ya sean éstas la madre, el padre, la pareja, etc.), sino liberar a las víctimas de su dependencia de aquéllas . Y esta liberación sólo puede lograrse mediante la maduración del neurótico y su consiguiente alejamiento del foco tóxico.  La eventualidad del "perdón" es muy secundaria en terapia y, en todo caso, sólo es posible cuando el dolor del sujeto llega a reducirse lo suficiente. Ello depende a su vez de la magnitud de las heridas. Hay daños, incluso de índole criminal, que jamás podrán ser perdonados, y sería irreal -e incluso inhumano- pretender otra cosa. Sobre todo cuando tampoco hay conciencia, disculpas ni cambios por parte de los victimarios. La teoría del perdón es, pues, religiosa, moral y política, no psicológica. Y es muy lamentable hasta qué punto ha llegado a infiltrarse en la práctica psicoterapéutica.

Amor: la "neurosis compatible"

Amar requiere saber dar, pero también saber recibir.  Si sólo doy o recibo, pero no ambas cosas, soy un teléfono averiado.  Amar es satisfacer nuestras mutuas carencias. Por eso necesitamos: 1) Confianza mutua (no miedos) 2) Empatía y disponibilidad (no blindajes) 3) Realismo (ofrecer lo que el otro necesita, no otras cosas) 4) Amistad (afinidades, complicidades, planes compartidos...) Todo lo demás son fantasías con fecha de caducidad.

¿Por qué los neuróticos no levantan cabeza?

Una de las dificultades para la difusión de una psicología milleriana, no moralista y basada en el propio sujeto y no en la familia, reside naturalmente en los propios terapeutas. Por tres razones: 1. La mayoría de terapeutas no han trabajado sus propios apegos, conflictos y sentimientos de culpa con sus padres. 2. Muchos de tales terapeutas tienen hijos, lo que les hace identificarse con los padres de sus pacientes, añadiendo así más limitaciones a su neutralidad y empatía. 3. Un gran número de estos profesionales son mujeres. Dado que en éstas son frecuentísimos los lazos simbióticos madre-hija, ello les dificulta aún más su capacidad de empatía con el odio, la rabia, los deseos de independencia, etc. de sus pacientes femeninas hacia sus madres. Por ello, en mi opinión, la mayoría de psicoterapias siguen trabajando abierta o inconscientemente a favor de las familias y no de las víctimas neurotizadas. Por ello insisten una y otra vez en el perdón, las buenas conducta