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Mostrando entradas de enero, 2021

La guerra interior

En la neurosis, todo se reduce en el fondo a una guerra contra nosotros mismos. Una guerra interior entre nuestro yo (nuestra voluntad, valores, obligaciones, secuelas de la doma social) y nuestro inconsciente (lo que realmente sentimos, necesitamos, deseamos).  Cuando lo inconsciente pesa menos que el yo, éste puede reprimirlo más o menos fácilmente y surge la neurosis leve.  Cuando lo inconsciente pesa más que el yo, éste no puede controlarlo, aquél se desparrama y emerge entonces la neurosis grave y la locura.  La única solución es explorar, limpiar, expresar y satisfacer, siquiera en parte, las exigencias de nuestro inconsciente. Terminar la guerra.

¿Quién manda en ti?

Cuando tomamos cualquier decisión, nuestro inconsciente ya la ha tomado antes por nosotros. De hecho, nos ha autorizado a tomarla. Pero si nuestra decisión, por muy consciente, voluntaria y esforzada que sea, contradice a nuestro inconsciente, entonces fracasaremos, abandonaremos pronto o surgirá el inevitable síntoma neurótico. Como digo a menudo a mis clientes: "¿quién te crees que eres para contrariar a tu inconsciente?"

Los límites de la psicoterapia

Lo que la Psicología no suele confesar es que cuanto más grave fue el maltrato, peor será la neurosis y, por tanto, más lenta, difícil e incluso inviable puede ser la terapia. Porque las mismas puertas de acceso por las que debe entrar la terapia al sujeto están rotas o blindadas por aquellos maltratos. Y algunas personas viven, así, terriblemente solas, refugiadas e incomunicadas en lo profundo de sus lóbregos castillos. Por eso no todos los males tienen remedio. Y de ahí la perversidad del maltrato infantil, que a menudo imposibilita cualquier salvación futura.

¿Tiene mamá "truenos en la cabeza"?

Corre por ahí un siniestro cuento infantil que enseña a los niños a "comprender, desculpabilizar e identificarse con las mamás con 'truenos en la cabeza' ", es decir, con problemas emocionales que les impide ser todo lo serenas y amorosas que sus hijos necesitarían.  Lo que no dice el cuento es que, en la práctica, esos "truenos" tan poéticos suelen significar desamor, negligencias, miedos, castigos, violencias físicas o emocionales, desamparo, etc., durante años , con grandes sufrimientos y graves secuelas neuróticas en los niños.  O sea que, pese a las presumibles buenas intenciones del texto, parece en el fondo un mero enjuagador de los sentimientos de culpa parentales, a costa de engañar a los niños induciéndolos a negar, minimizar o embellecer los hechos. Lo que equivale a seguir encubriendo el maltrato infantil y sus consecuencias.