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Mostrando entradas de diciembre, 2020

El cuarto mandamiento

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La familia parece ser el único grupo humano (aparte de las élites) esencialmente impune por sus fechorías. Todo se le consiente, todo se le perdona, todo se le minimiza y disculpa en nombre del supuesto "amor a los hijos" que míticamente se le atribuye. De este modo, los daños graves que jamás se tolerarían, por ejemplo, en ciudadanos, médicos, profesores, ingenieros, arquitectos, empresarios, comerciantes, sectas, delincuentes, políticos, etc., se toleran perfecta, regular y normalizadamente en la familia. ¿Por qué podemos cuestionar cualquier claroscuro social, pero no la totémica familia, cuyos horrores son tan evidentes como infinitos para cualquier observador imparcial? Con el agravante de que sus masas de víctimas, los niños, no sólo son máximamente vulnerables y dependientes, sino que, por eso mismo, son los primeros (en general) en encubrir y absolver a sus victimarios. "¡Pobrecillos, mis verdugos hicieron lo que pudieron!". Aunque luego esas mism

Vampiros

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Leo por ahí el meme de una madre que dice: "No hay mayor felicidad que el abrazo de un hijo".  Y me quedo atónito.  Esta aberración universal es un ejemplo perfecto de la génesis de la neurosis. Pues la felicidad de los adultos sanos no es recibir abrazos de los niños, etc., sino, muy al revés, darlos . Los hijos no nacen para que nos amen y sostengan, sino para ser amados y sostenidos. O enfermarán sin remedio... Porque no es posible sobrevivir a los vampiros. Foto: Madre en éxtasis libando amor de una niña.

El maltrato de los no-límites

Un niño no puede asimilar la promiscuidad sexual de sus padres. No puede asimilar su ira permanente contra el mundo. No puede asimilar el "todo (o nada) vale" . No puede asimilar su desidia, negligencia o caos. No puede asimilar sus conflictos permanentes. No puede asimilar la injusticia, violencia, muerte o suicidio de las personas. No puede asimilar su indiferencia ante hechos extraños o amenazantes. Para el adulto, el mundo es algo "sólido" que puede cuidar o destruir. Pero para el niño todo está en construcción. Por eso necesita -como todo lo vivo- seguridad, serenidad, rutinas, delimitaciones, pautas, amor protector. No sólo daña, pues, a los niños lo que algunos adultos hacen, sino también lo que, por falta (neurótica o ideológica) de límites, dejan de hacer.  Por ejemplo, no proteger a los menores de todo aquello que puedan ver, escuchar, hacer, participar, imitar o experimentar, sin estar aún madurados para ello.

El sano sentimiento de culpa

La diferencia entre los padres maltratadores que desean cambiar (y cambian) respecto de los que no perciben, no desean o no "logran" cambiar, es el sano sentimiento de culpa. La culpa tiene mala prensa, pero sólo es realmente nociva cuando es neurótica, expresión de férreas represiones morales/sociales. Pero hay un tipo de culpa, nacida del amor , que es el remordimiento insoportable frente a los daños causados voluntaria o involuntariamente a un ser realmente querido. Este sentimiento de culpa, perfectamente sano y deseable, anhela reparación y sólo puede curarse... reparando. Los progenitores que logren experimentar esta clase de dolor y obren en consecuencia, mejorarán las relaciones con sus hijos. Los demás, desde su ceguera habitual, seguirán dañándolos.