¡No piséis la hierba!

La duración y gravedad de los trastornos neuróticos no dependen sólo de los errores de crianza en el pasado, sino también de los que las familias siguen cometiendo durante toda la vida del hijo/a. 

Los progenitores inadecuados no suelen rectificar sus fallos con el tiempo (como mucho, los atenúan), pues no son conscientes de ellos, o los niegan, y jamás resuelven las compulsiones que los determinan. Por eso es difícil diferenciar el peso real de la infancia del de la actualidad. Y también es muy fácil exagerar la importancia de la primera para eludir la responsabilidad frente a la segunda. 

Pero los padres lúcidos no ignoran el gran poder sanador del Ahora.

La hierba vuelve a crecer cuando dejamos de pisotearla. Para ayudar a curar a un hijo herido, mamá y papá sólo tienen que dejar de repetir los mismos errores. Para ello necesitan ampliar su consciencia. Aliviar sus propias heridas infantiles. Expresar sus sentimientos por canales adecuados. Aprender a confiar y perdonarse. Recobrar su empatía hacia los demás. Y reasumir, en fin, con amor su misión materna o paterna.